Equinácea (Echinacea purpurea Moench)
Descripción
El genero Echinacea comprende una serie de plantas de la familia de las compuestas muy parecidas a la margaritas. Destacan por sus grandes flores con lígulas muy largas y discos florales grandes, a veces espinosos. Aunque existen nueve especies dentro de este género, tres son las más utilizadas como plantas medicinales (Equinácea anguistifolia L., Echinacea purpurea Moench, Echinacea pallida), siendo las especies Echinacea angustifolia en américa y la Echinacea purpúrea en Europa las que tienen un uso más general.

La equinacea es una planta que se han utilizado tradicionalmente los indios norte-americanos, especialmente para curar heridas de flechas o los mordiscos de serpientes. Así como toda una seria de aplicaciones que implicaban estas plantas como desinfectantes bactericidas (enfermedades de transmisión sexual, problemas de los ojos, llagas en la boca, anginas, resfríados, etc.).

A medida que los colonos iban extendiendo al oeste fueron conociendo de las múltiples aplicaciones de la equinácea hasta que, a finales del siglo XIX, fue incluida como planta medicinal dentro de la farmacopea occidental, periodo cuando alcanzó un gran prestigio principalmente como remedio para curar la sífilis o la gonorrea. Con la aparición de los antibióticos, perdió bastante su uso hasta que este volvió a recuperarse en el ultimo cuarto del siglo XX. Actualmente, es una de las plantas que goza de más reputación en la medicina natural americana y su uso dentro de la europea esta cada vez más en boga.

Propiedades de la equinácea

La principal virtud de la equinácea radica en sus propiedades antimicrobianas en contra de bacterias, hongos y virus que la configuran como una autentica alternativa a los antibióticos químicos.

Esta planta se considera uno de los mejores antibióticos naturales.

La razón de esta propiedad se debe a su capacidad para estimular el sistema inmunitario, produciendo más glóbulos blancos.

La equinácea, el ácido cafeico y el ácido chicórico son los componentes que producen esta estimulación.

Igualmente se ha comprobado el poder para estimular la producción de interferón, una proteína que el propio organismo produce para neutralizar los virus.